jueves, 27 de mayo de 2010

SOPA DE INDIO. UN PLATILLO 100% MEXICANO:











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La Sopa de Indio.
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Este antiguo platillo mexicano, lleva “birote” (un pan tipo baguette con migajón y costra dorada), salado, rebanado en rodajas de un centímetro de espesor y asoleado hasta que quede duro; tortillas de maiz; de verduras y legumbres: Col, zanahorias, chícharos, garbanzos, con las que se hace un picadillo y se ponen a cocer pero conservando una consistencia no muy blanda. En ese picadillo se desbarata con la mano, una cabeza grande de ajos (que es lo que le da el gusto); caldo graso de gallina; manteca de cerdo; huevos cocidos y sal suficiente, al gusto.
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El “birote” se dora por un solo lado, sea en comal – si se quiere menos grasosa - o en manteca. El fondo de una cazuela se cubre con una capa de tortillas de maiz, para que no se pegue. En éstas, se coloca una primera capa de pan dorado por un solo lado. Sobre el ”birote” se extiende el picadillo de verduras, ligeramente duritas. (Algunas cocineras le desmenuzan la carne de una pechuga en partes muy finas). Se colocan más capas de birote y picadillo, una encima de otra. Y a aquel pastel de tres o cuatro pisos, se le rocía un poco de caldo, solo para humedecerlo. Encima se le vierte una taza de manteca requemada y caliente, a fin de que el calor penetre en todo su contenido, y se coloca al horno o a dos fuegos – arriba y abajo – hasta procurar que el birote superior, quede dorado. Por último, se le agregan encima rodajas de huevo duro, cocido
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La "Sopa de Indio", se sirve pocas veces en las ciudades grandes, pero se conserva con aprecio en los poblados más alejados, donde las viejas costumbres suelen perdurar más tiempo.
Afectuosamente; ALF el tapatío, siempre a sus órdenes.

HOY COMIMOS EN CASA "PULPO EN SU TINTA" MUY RICO, Y LES COMPARTO LA RECETA.





















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Amigos todos, tengo la seguridad que les va a encantar esta deliciosa receta, que nos la dió una gran amiga michoacana de nombre Olga, radicada muchos años en la Capital y que más tarde fue nuestra vecina consentida, junto con César su esposo e hijos.
Tras de invitarnos varias veces a disfrutarla en su casa, en fechas muy especiales, nos pasó luego su fabulosa receta, hace ya más de 35 años.
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"PULPOS EN SU TINTA"
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DOS KGS. DE PULPO FRESCO
UNO Y MEDIO KGS. DE JITOMATE
MEDIO KG. DE CEBOLLA
UNA LATA, 375 MLT. DE ACEITE DE OLIVA FINO.
UN CUARTO DE LITRO DE VINO TINTO
ORÉGANO; SIETE HOJAS DE LAUREL; UNA RAJA DE CANELA; 24 PIMIENTAS; 12 AJOS; TOMILLO; 2 CLAVOS DE OLOR; DOS CUCHARADAS DE HIERBABUENA PICADA, Y DOS CUCHARADAS MÁS DE PEREJIL PICADO.
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El pulpo se corta en pedazos y se pone en vinagre a desflemar, mientras se pica lo demás; enseguida se enjuaga varias veces. La tinta se prepara en una cucharada de vinagre hasta que se desbarate. Se pica el jitomate, la cebolla y los ajos y se fríe todo en el aceite de oliva. Cuando ya esté todo bien frito y sazonado con sal, se agrega el pulpo, se tapa la olla y se deja hervir por 15 minutos. Se vacía en una cazuela de barro y se le agregan los olores y después el vino tinto, siguiendo en la lumbre a fuego suave. Cuando esté en el punto de cocido deseado, y debidamente sazonado, se la agrega la tinta. Se sirve con una porción de arroz blanco.

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Son ya casi las 6 de la tarde, y sigo recordando el riquísimo sabor de este fantástico platillo, que se los recomiendo ampliamente.
Su amigo, "ALF" el tapatío, un tragón por excelencia.

martes, 11 de mayo de 2010

A MAESTRAS Y MAESTROS, EN SU DÍA. EN MÉXICO, EL 15 DE MAYO.




















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Durante mi muy largo y feliz transitar de tantos años, en dos de mis queridos y recordados Colegios, varias veces –según recuerdo- algunos de mis Maestros me hicieron realizar, ya fuese por escrito o verbalmente, algunas redacciones especialmente dedicadas para todos ellos en esta memorable fecha del 15 de Mayo.
Intenté siempre expresar lo más claramente posible lo que para mí significaba la misma, pero considero que sólo la última vez, cuando prácticamente dejé mis estudios, me logré dar cuenta de que ni todas las palabras del mundo, ni un discurso bellamente redactado por algún literato o hasta por un excelso poeta, pueden llegar a expresar los nobles sentimientos que en realidad se llegan a sentir hacia una Maestra o un Maestro de los que nos ayudaron con tantas enseñanzas y atinada dirección, a ir moldeando poco a poco nuestras vidas.
Con esto que aquí señalo, no me refiero de una manera simplista a ese total y gran agradecimiento que deberíamos sentir hacia ellos, o quizás, al real y sentido reconocimiento de su enorme y continuo esfuerzo realizado en aras de nosotros; sino a todo aquello más profundo, que se quedó y se mantiene tan fuertemente grabado en nuestra memoria, en nuestra mente, en nuestra alma... y desde luego, que ¡ para siempre..!
Al fin y al cabo, lo único y verdadero que nos hará al paso del tiempo esbozar una sonrisa, derramar una lágrima o exhalar desde lo más hondo un suspiro... será su inefable e inmortal recuerdo, en esa para mí lejana época, -- no por sencilla y pasada, algo menos importante --, en esos nuestros primeros y difíciles pasos que tuvimos que aprender a dar ya solos en la vida, para poder sobrevivir sin mayores problemas en este bello y bendito mundo, aunque si bien es cierto, nada fácil para muchos de nosotros.
Seguramente en ese último año que me tocara pasar en las aulas de un Colegio, y tal vez por esa simple razón, también la final y más sentida redacción que realizara para tan festivo día, no por ello iban dirigidas mis palabras para despedirme, haciendo gala en ellas de un triste y sentimental adiós; sino -- por el contrario --, con un entusiasta y apasionado ‘mil gracias’; y ante todo, con un cordial ‘hasta siempre’... dirigido a todos, todos esos mis queridos Maestros o Profesores, –fuesen mujeres u hombres --, que tuvimos en aquellos años, aún siendo niños, pequeños, y que ahora ya no están a nuestro lado, pero que considero deberíamos sentir que los conservamos eternamente muy dentro del corazón.
¡ Ojalá y así fuese en verdad..!, para consolidar de por vida, los sólidos principios e importantes enseñanzas rectoras de nuestra existencia, que Ustedes, queridos Maestros, nos supieron imprimir.
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Del más humilde de sus discípulos...
ALF, que los recordará siempre.